![]() |
| La millor manera de començar l'any: muntanya i llibres! |
I
En les dues darreres pàgines de La sociedad del cansancio, Byung-Chul Han escriu dues frases que no puc deixar de subratllar. La primera: «Llenamos el mundo de cosas cuya duración y cuya validez son cada vez más efímeras». Però també una que va més enllà, tot posant el dit en la nafra més sagnant: «Hoy las cosas solo adquieren valor si son vistas y expuestas, si acaparan la atención». Aquesta darrera afirmació dona peu a una reflexió dolorosa: avui ens fem visibles i ens exposem com si fórem mercaderia. Entenem la vida com a producció en el seu sentit primer: exhibir, fer visible. Allò que no s'exhibeix, no té valor. «La persona es reducida al costumer value o valor de mercado. Este concepto se basa en la intención de transformar a la persona entera, toda su vida, en valores puramente comerciales. (...) Despoja al hombre de su dignidad, reemplazándola completamente por el valor de mercado».
Dies després d'acabar el llibre, llegisc un article Pankaj Mishra que aprofundeix en les raons que menen al que Han explica. Ací alguns dels seus paràgrafs:
«El americanismo que expresaba Naipaul en 1990, tan lleno de seguridad en sí mismo, nacía de una realidad innegable: con la caída del comunismo, quienes habían intentado construir sociedades socialistas o socialdemócratas habían sufrido una pérdida decisiva de legitimidad y credibilidad. Estaba asentándose la idea de que la historia misma había desembocado en la democracia y el capitalismo de estilo estadounidense. En 1999, el columnista de The New York Times Thomas Friedman podía anunciar sin reparos: “Quiero que todo el mundo sea estadounidense”.
Sin embargo, en 2026 es difícil evitar la sospecha de que la civilización universal de Estados Unidos no era ni civilización ni universal. Era un espejismo muy seductor y su desaparición constituye un momento de enorme gravedad, posiblemente más esclarecedor y trascendental que la desaparición del espejismo comunista en 1991. Además, el mundo, que ha pagado un precio demasiado alto por la búsqueda de la felicidad de una pequeña minoría estadounidense, debe someterse a una rápida desamericanización, intelectual, espiritual y geopolítica.
(...)
El premio Nobel de Literatura polaco Czeslaw Miłosz escribió: “Los estadounidenses aceptaban su sociedad como si fuera un producto del propio orden natural; estaban tan convencidos de ello que tendían a compadecerse del resto de la humanidad por haberse desviado de la norma”. Pero la gran anomalía en la historia de la humanidad ha sido precisamente Estados Unidos. Fueron los estadounidenses, con toda su influencia, quienes dieron prioridad a la felicidad individual por encima del bien común y relegaron los viejos debates sobre el propósito y el significado supremos de la existencia humana al ámbito de la vida privada de los ciudadanos.
Estados Unidos inició su ascenso a principios del siglo XX con una extraordinaria variedad de productos de consumo —los automóviles Ford, el cine de Hollywood, las máquinas de coser Singer, las maquinillas de afeitar Gillette—, por lo que no solo se convirtió en imperio, sino también en un emporio comercial, y encabezó una revolución dentro del consumo de masas mediante la creación de unas necesidades materiales, sociales y psicológicas antes desconocidas.
La expansión estadounidense fue acompañada de unos valores de igualitarismo sin precedentes. Este espíritu democrático peculiar se basaba, más que en un amplio compromiso de justicia social, en la socialización del consumo y la equiparación de las costumbres, lo que Sinclair Lewis calificó sagazmente en Babbitt como “el aspecto mental y espiritual de la supremacía estadounidense”. Ese espíritu eliminaba las distinciones de gusto basadas en la clase social y hacía que las desigualdades económicas y sociales parecieran menos ofensivas que en otras sociedades. Al presentar la libertad como libertad de elección, el mercado pasó a ser la verdadera esfera de los ciudadanos.
(...)
A partir de 1945, Estados Unidos reforzó la difusión de una cultura popular capaz de seducir con su alegría y su optimismo a un mundo lleno de dificultades, sobre todo a las generaciones jóvenes. El nuevo espíritu estadounidense depositaba la responsabilidad del desarrollo personal en el aumento de los ingresos y el consumo; vinculaba la autoestima de cada persona a la envidia y la comparación con los bienes materiales de los demás. Como consecuencia, Estados Unidos generó una gran transformación mundial de la propia imagen individual y colectiva; los irresistibles cultos del Nuevo Mundo al hedonismo, la abundancia y la inmediatez pusieron en tela de juicio y, muchas veces, derribaron los modelos tradicionales de realización personal y trascendencia.
(...)
A pesar de la desindustrialización de la economía estadounidense, esta siguió produciendo novedades constantes: Google, el MacBook, eBay, Wikipedia y Amazon, entre otras. Las tecnologías digitales norteamericanas fueron las primeras en ofrecer una rápida gratificación de dopamina a personas aisladas que vivían en unas sociedades cada vez más atomizadas. Las redes sociales, al mismo tiempo que prometían la libre expresión y el empoderamiento político, contribuyeron a universalizar un peculiar modo de individualismo basado en el consumo.
Hoy, sin embargo, los gigantes de Silicon Valley como Meta y X respaldan a Trump, el principal beneficiario de una corrupción política, mental y espiritual generalizada a través de las redes sociales; y da la impresión de que los modelos estadounidenses de individualismo han sido una forma de engaño. Durante todo este tiempo, mientras prometían a los seres humanos un poder y una identidad extraordinarios, estaban convirtiéndolos en meros nodos que vomitan datos en las redes digitales: unas automatizaciones que allanan el camino para la IA.
En muchos otros aspectos, nuestro mundo fracturado actual, desde el Caribe hasta Palestina, es consecuencia de una americanización cultural y espiritual temeraria. Hace tiempo que los mercaderes, movidos fundamentalmente por la búsqueda del dinero y el poder, dominan la vida pública de Estados Unidos y las sociedades americanizadas. El hecho de que sus deseos estuvieran totalmente carentes de cualquier valor positivo, como el bien común, o incluso de una mínima preocupación por las consecuencias y la responsabilidad, ha fomentado una tendencia al comportamiento extremista y, en última instancia, al militarismo endémico y al belicismo.
(...)
Llevar a cabo una desamericanización del mundo rápida y profunda se ha convertido en un imperativo moral y existencial. Millones de personas seducidas por las tecnologías digitales estadounidenses porque les prometían la emancipación personal han sufrido la manipulación de la mente y el espíritu por la avalancha de desinformación. Incluso los criterios básicos a los que han recurrido los seres humanos durante siglos —el bien y el mal, la verdad y la falsedad— están desapareciendo. En todas partes, las personas se ven reducidas a juguetes de una clase dominante experta en trastocar los valores y convertir el delito en un acto loable y la mentira descarada en dogma.»
Les festes de Nadal culminen en l'Epifania, que més que una manifestació de la divinitat ha esdevingut una manifestació del nihilisme. Si només fa uns decennis, en la nostra infància, els Reis s'associaven encara a la necessitat (hom rebia els regals que, d'alguna manera, «necessitava»), avui ens hem deixat arrossegar per aquesta mentalitat consumista i hedonista, tan fútil i passatgera com destructiva. Hem omplert abocadors i mars de residus i de plàstics... Per a què?
II
Tot i que dedique el post al dia de Reis, fiu l'ascensió a la Creu de Matamon el dia de cap d'any: quina millor manera de començar l'any! El cotxe trencat, però s'hi podia arribar en metro fins a Carlet i des d'allà, xino-xano, fins a la muntanya pels camins del terme.
Costa de creure que a dia d'avui encara no hagués gaudit de la millor vista sobre la Ribera... Malgrat que el dia, això sí, eixí una mica tèrbol.
Bona diada de Reis (amb retard)!
| Menys mal que el fred no ix en la foto! |
| Ermita de Sant Bernat |
| Canal Xúquer-Túria |
| Camí a Matamon |
| El Besori |
| La Muntanya de les Raboses emergeix entre la boira |
| Marquesat i Besori |
| El perfil del Benicadell, al fons |
| Serra de Corbera |
| Primeres vistes a l'Albufera |
| Ribera Alta |
| Serra del Cavalló: la Colaita i Alt dels Ganivets |
| Una dent de pedra |
| Benimodo (baix), polígon de l'Alcúdia (centre) i Algemesí (a la part superior) |
| Carlet i, al fons, el polígon industrial de Cotes (Algemesí) |
| Ací, l'Alcúdia i Guadassuar, a la dreta |
| Alginet i Benifaió |
| Pista de Silla, l'Albufera i la Devesa. També el mar, ple de vaixells de mercaderies. |

Cap comentari:
Publica un comentari a l'entrada